(Khalid) y Javier Hernández nos presentan en BLECHKOLLER un thriller bélico, intenso y opresivo. El así llamado “síndrome de la lata de sardinas” es un tipo de neurosis que afecta a los tripulantes de los submarinos cuando pasan largos periodos de confinamiento. La falta de oxígeno, la claustrofobia y la presión que suponen las cargas de profundidad provoca tal tensión que los estallidos de violencia irracional pueden llegar a poner en peligro las vidas de toda la tripulación.

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Marisol Hernández ha entrevistado a sus autores.

¿Cómo surge la idea del síndrome de y cómo os habéis documentado sobre este trastorno?

Damián

Comenzó como una historia corta de seis páginas, con la que queríamos probar cómo trabajábamos juntos.  La ambientamos en un submarino, describiendo lo que era el Blechkoller sin saber que tenía un nombre.

Cuando esas seis páginas se convirtieron en un proyecto largo, empecé a hacer un trabajo de documentación y de investigación, buscando información sobre el conflicto de la Segunda Guerra Mundial. En las referencias a los submarinos apareció esta palabra y me llamó la atención. Vi que coincidía con lo que le sucedía al personaje de nuestra historia. De esta forma le pudimos poner nombre al trastorno y al álbum.

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El protagonista refleja la angustia a causa del síndrome, pero también por un pasado cuanto menos tortuoso. ¿Cuál de las dos historias os ha costado mas contar? ¿La del presente o los flashbacks del protagonista?

Damián

A nivel de guión, me costó más la etapa de la infancia, reflejar en la niñez lo que le sucederá posteriormente al protagonista en el submarino. Fue complicado, porque quería mostrar algo duro, sin caer en un exceso de dramatismo pero reforzando al mismo tiempo la sensación de opresión dominante en el cómic.

También quería salir un tiempo del submarino para que los escenarios no fuesen tan monótonos, pero sin  perder la fuerza de la sensación de claustrofobia y opresión del entorno.

A mí también me fue más difícil plasmar la historia de la infancia. El hecho de utilizar mucho la tinta, me va muy bien a la hora de reflejar el ambiente dentro del submarino, que es muy depresivo, muy cargado, y para el que este estilo de dibujo es perfecto.

A la hora de abrir más los planos y salir al exterior, me costaba dejar de cargar las páginas con tinta y me resultó complicado encontrar el equilibrio de contrastes entre el submarino y el exterior.

En el cómic hay un elemento que destaca, y es el deterioro físico del protagonista. ¿Cómo afrontasteis la evolución del personaje tanto desde el punto de vista narrativo como gráfico?

Javier Hernández

En realidad no fue algo muy estudiado de antemano, sino que al ir haciendo páginas,  el guión te metía cada vez más en el personaje y observabas como crecía su deterioro físico. Para conseguir este efecto, dibujas a alguien que va adelgazando, perdiendo peso, que cada vez duerme menos. Los síntomas físicos que lo reflejan son más ojeras, más sombras, pómulos más marcados, gestos y posturas más retorcidos. A través de estos elementos lo transmites.

Como digo, no fue algo que estuviera muy planteado, fue la evolución natural del guión. Lo que sí se planteó desde el principio fue la elección del personaje: un chico rubio con ojos azules, lo que permitiría desde la primera a la última página que el lector lo identificara rápidamente.

Hay tres personajes que dominan en la historia: Erik, afectado por el síndrome; su antagonista, Gunter; y la figura paternalista del capitán. En torno a las tres fluye la narración. ¿Este terceto se planteó desde el principio o surgió conforme evolucionaba el cómic?

Damián

Como comentaba anteriormente, el proyecto surge a partir de una historia corta de seis páginas, y prácticamente todo el protagonismo lo tenía Eric. Al tener que desarrollar una historia más larga en un álbum, además del conflicto interno del personaje, era necesario encontrar un conflicto externo con lo que le rodea. Los personajes surgen al intentar buscarle un contrapunto, y se encargan de ponerle las cosas más difíciles al protagonista.

Por otro lado, tanto a Javier por la parte gráfica, como a mí por la de guión, nos marcó la película de Wolfgang Petersen, Das Boot, especialmente la figura del capitán paternalista, casi anti-belicista, que no está de acuerdo con el conflicto ni con lo que está haciendo y que quiere proteger a sus hombres. Esta influencia marcó, en parte, el carácter del personaje en el cómic.

El álbum tiene un punto cinematográfico. ¿Habéis tomado como referencia alguna otra película?

Damián

Básicamente la que he comentado, Das Boot. Cuando hicimos las seis primeras páginas, no había visto demasiadas películas de submarinos. Hacía años vi La Caza del Octubre Rojo, pero tampoco la tenía como un referente. Realmente no me había fijado en ninguna película, pero cuando decidimos hacer el álbum, tuve que documentarme, buscar en Internet, leer libros, ver

Los amigos que tenemos y que saben de submarinos y de la Segunda Guerra Mundial nos recomendaron que viéramos esta película y realmente sí que fue una influencia en el desarrollo del cómic, porque es una película alucinante.

Me sorprendió porque nuestra historia surgió sin mayores referencias. Queríamos meter al personaje en un sitio opresivo y pensamos que poco podía haber más opresivo que un submarino. Podía haber transcurrido en una nave espacial, o en una estación en el ártico; pero decidimos ubicarla en un submarino.

Cuando empezamos a hablar con amigos, resulta que hay entre ellos un montón aficionados a los submarinos. Al misterio de la máquina enigma, que es la maquina con la que se enviaban los mensajes cifrados de un submarino a otro y que en la película también sale.

¿Cómo se ha recibido este álbum en el mercado Francés?

Javier Hernández

La crítica fue buena, ganamos el premio VSD 2012, fuimos a hacer una presentación a París y una exposición de  originales. Vino mucha prensa y hubo cierta difusión, pero luego la cosa quedo un poco diluida, porque 12 BIS, la editorial francesa, empezó a tener problemas económicos y acabó siendo absorbida por Glénat. Este cambio nos perjudicó, porque frenó la promoción de la obra. Glénat no quiso darle más vida al álbum, y lo que podía haber sido quedó en algo menor.

Cuando hicimos los bolos o fuimos a Angouleme a firmar, a la gente le había encantado. Es un poco frustrante que pudiendo haber sido más grande, por problemas ajenos a nosotros, se quedase a medio camino.

¿En que nuevos proyectos estáis trabajando?

Damián

Probamos un proyecto más inspirado en la línea de KHALID, aunque también tiene muchos elementos de ficción. Una más social y actual. Chicos con conflictos sociales, que se meten en líos y en peleas ilegales. Lo enseñamos en Francia y no acabó de cuajar, quizás porque forzamos un poco el estilo. Le pedí a Javier que la historia fuese un poco más realista e igual quedó un poco forzado.

Nos estamos planteando retomar la historia, porque el guión está escrito y nos gusta, y los dos queremos seguir haciéndola. Pero de momento, para recuperar un poco la frescura de Blechkoller, nos planteamos hacer una serie de historias de terror cortas, de doce a catorce páginas. Ahora estamos en ello

Si tuvieseis que enmarcar este álbum en un género, ¿cuál sería?

Javier Hernández

Bélico no es. El escenario influye, pero no es bélico. En un festival al que fui invitado a hacer dedicatorias en Francia y que estaba dedicado al cómic bélico, la gente me recriminaba que yo no hubiera hecho un cómic bélico. A ellos lo que les gustaban eran los submarinos muy realistas y los aviones muy bien dibujados. Yo les explicaba que efectivamente no era un cómic bélico, y que yo no me identifico con autores que hacen un avión y dibujan hasta el último tornillo.

Sí que hubo un proceso de documentación, especialmente para el lector que supiera del tema, pero me asusté un poco cuando vi que la gente hablaba de la máquina enigma y de los modelos de submarinos con un nivel de precisión muy alto.

Damián

Sí que hubo documentación sobre los diferentes modelos de la máquina enigma, sobre los tipos de submarino que se utilizaban en la guerra… El submarino de la primera parte de la historia realmente desapareció en el golfo de Vizcaya. En alguna web francesa destacaban que el trabajo de documentación estaba muy bien, pero no es lo principal de la historia. Simplemente se trataba de darle cierta coherencia y cierto peso a la parte histórica. Lo que realmente nos interesaba era contar las vivencias del protagonista, mucho más que retratar el entorno bélico.

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